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jueves, 3 de abril de 2014






    Una furibunda tormenta nos tendió
    Su mano suave en el caer gris de la tarde...
    Nos buscamos con la mirada
    Amparados bajo un paraguas
    Que quiso Dios
    Me acompañara siendo que jamás lo usaba.

    Energía que fue prosa directa al alma
    Lo que me devolvió su mirada
    Y la mía
    Que no supo decirle nada,
    Que desde hace tanto la buscaba
    Quedó incrédula y desde ese momento acompañada.

    Luz divina que cauteriza las heridas
    Que el andar por la vida causa.
    Eres tú una presencia tan sutil y santa
    Como lo era de niño mi ángel de la guarda.

    Y fueron días con glorias
    Y temblores violentos los que siguieron
    Y fuiste mía en otro encuentro
    Y me entregue dócil a ti
    Como en este cuento que te cuento.

    Paranoias del alma...
    Hasta hace un tiempo era yo un reducto de impurezas urbanas
    Y ahora tu amor santifica mis andanzas.

    ¿Estaría escrito que alguna vez te encontrara?
    Qué tonterías pienso
    No hay escrito en ningún lugar nada.
    Somos emigrantes de otras vidas,
    Un vendaval de lluvia con viento nos junta en ciclos eternos
    Desde que el tiempo es tiempo
    Y el amor
    Se recrea en nosotros como en un cuento.

       

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